Las personas en situación de pobreza suelen padecer el mal de la desocupación. La respuesta lógica a esta condición es la de iniciar un emprendimiento propio: ser dueño, empleador y empleado. Sin embargo, para esto es necesario contar con un capital inicial: insumos, herramientas, máquinas, un lugar físico, luz, gas, agua, teléfono, viáticos, empelados, etc.
El problema radica en que estas personas, al no poseer empleo alguno ni, en muchos casos, títulos de propiedad o garantías prendarias, se encuentran marginadas del sistema financiero. Más aún, los reducidos montos solicitados no son atractivos para la banca. Así el camino emprendedor se trunca.
A lo largo de los años han surgido diversas reacciones populares para hacer frente a estas restricciones de financiamiento. Las roscas, los clubes de ahorro y los depósitos de confianza son algunas de esas expresiones. En la década del setenta Muhammad Yunus formalizó esta tendencia al crear el Banco Grameen (conocido como el Banco de los Pobres).
Las micro finanzas no son una solución exhaustiva al flagelo de la pobreza, pero sí colaboran en su reducción. Aquellas personas que siguen este camino pueden impulsar emprendimientos que aumenten sus ingresos significativamente. A su vez, la satisfacción de crear un negocio propio, de trabajar y obtener ingresos, redunda en amplios beneficios cualitativos.
Las personas con recursos escasos viven en un contexto de elevada vulnerabilidad. Es por ello que el crédito en sí no siempre es suficiente. El apoyo, la contención, el asesoramiento y capacitación son otras dimensiones tan necesarias como el dinero. Las mismas contribuyen a formar emprendedoras y personas capaces de planificar y reaccionar frente a las contingencias.
Las micro finanzas surgieron en los años setenta cuando el economista Muhammad Yunus creó el Banco Grameen. A partir de ahí se expandieron a diversos países, todos con altos índices de pobreza.
En América Latina, Bolivia es el país que más ha desarrollado esta técnica, con instituciones ejemplares como el Banco Sol y una legislación muy desarrollada. En Argentina el desarrollo de las micro finanzas fue más tardío, probablemente debido a que la problemática de la pobreza se presentó con posterioridad.
Se especula con que existen más de doscientas instituciones, aunque los sondeos no son seguros. La diversidad y la informalidad del mundo micro financiero Argentino hacen que la sanción de una legislación que contenga esta actividad se encuentre aún demorada.
El escaso desarrollo puede verse reflejado en que las micro finanzas representan menos del 1% del sistema financiero tradicional Argentino. Sin embargo, ha sido una actividad que ha ostentado un crecimiento exponencial en los últimos años.
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